Hacía magia de la que no se hace, poniendole sombreros a las estatuas, anteojos a los perros del barrio y unos culos enormes a las señoras de la cuadra.
Pintaba con azul los autos rojos y de plateado a los autos negros y tenía a todo el pueblo confundido.
A la chata del verdulero le puso unas gomas rosas, como de Barbie, y Don Domingo, que así se llamaba el hombre, se le enojó a los chicos del barrio y los corrió con una ristra de ajos que revoleaba como si fueran boleadoras.
Le dio con los ajos en la cabeza a Mateito que estaba molestando como siempre al perro de la vecina y el pobre quedó todo perfumadito de ajo, como para ir a una fiesta de vampiros.
Juan le puso una banqueta a la pasada y el pobre Don Domingo se cayó de panza sobre la vereda volcando un cajón de manzanas que se escaparon corriendo por la calle.
Y la Bruja Bolacera, muerta de risa, convirtió a las manzanas en ratoncitos colorados que se metieron por todas partes y armaron un griterío terrible en todo el vecindario.
La Bruja Bolacera era una bruja que estaba del tomate.
Se vestía con minifalda y usaba unas camisetas negras estampadas con telarañas fluorescentes.
Siempre usaba zapatos altos porque cuando le dolían los pies se sentaba en un sillón de helio y andaba por todas partes fotando por ahí.
Decía que tenía 27 años, pero en realidad tenía 127. Pero todos sabíamos que se restaba 100 años porque había sido maestra de la bisabuela Lita en primer grado.
De ella había aprendido la bisabuela Lita las mejores recetas de cocina, como por ejemplo el "Pollo Olvidado a la Manzana", que era un pollo que se hacía solito mientras la bisabuela se iba a pelear con el bisabuelo en el taller, o el "Flan Perfecto al Caramelo", que era un flan perfectamente reducido a su mínima expresión, porque la abuela lo ponía a baño María el lunes y lo sacaba el martes, cuando alguien le avisaba que había humo en la cocina.
La bisabuela Lita había aprendido de la Bruja Bolacera algunos trucos de primera, como por ejemplo el arte de la evaporación. Evaporaba botellas de licor y otros elexires. Ella tomaba por ejemplo una botella de anís 8 hermanos y al rato quedaban siete, y luego seis y al final ninguno. La bisabuela decía que esos 8 hermanos eran unos sarracenos salvajes que habitaban en los estantes del aparador, entre las copas, y que por la usurpación merecían justamente, ser evaporados.
La bisabuela había aprendido también a lustrar los muebles con magia y cera de abejas. Frotaba los muebles con una bufanda rosa y un ladrillo de cera de abejas y hacía relumbrar a todo con sólo 400 pases mágicos. Para mi que la bruja bolacera le había bolacereado y la abuela le daba a la cera de abejas sin darse cuenta que estaba dando lustre con la bufanda que yo había tejido, tan fea ella.
Pero por sobre todas las cosas la Bruja Bolacera le había enseñado a la bisabuela Lita a coser. Y cosía los vestidos de todas las hadas, los calzones de todos los duendes, los sombreros de los faunos y los pantalones de los príncipes encantados.
La bisabuela Lita cosía las capas de las princesas. Auténticas capas de seda rosa y vestidos bordados con flores de cristal.
Y hasta supo hacerle botas de puño alto al Gato con Botas, que como pago le mantuvo a raya a los ratones hasta que fue vieja. El Gato con Botas le decía Lita, con toda confianza, porque la conocía de toda la vida, y hasta la acompañaba al cine cuando ella quería ir.
En definitiva, la bisabuela, a instancias del Hada Bolacera, se había convertido en modista oficial del mundo de los cuentos y reina del canutillo y el glamour.
Pero estábamos en que el Hada Bolacera había convertido en ratoncitos a todas las manzanas.
Y se armó el escándalo. Mateito corría atrás de los ratones colorados y Juan los cazaba con una red y los iba metiendo en un balde verde. Lucy gritaba como loca y sacudía una escoba de aquí para allá.
Mamá Vero corría atrás de Mateito y Papá Mateo la corría a mamá.
Y todos daban vueltas alrededor de la abuela Pilar .
Y al final todo terminó en tragedia. La abuela Pilar revoleó el bastón para darle a un ratoncito y durmió de un palo a Aurea, la gata negra, que por puro imprudente se había metido por ahí.
La gata de la abuela Pilar que antes era negra, ahora es una gata fantasmal. Es que el bastonazo de la abuela Pilar la mandó al mundo de los espíritus en el que ahora caza ratones de hectoplasma.
Y así, en tragedia, terminó esta historia, una de las tantas historias de la Bruja Bolacera, la que fue maestra de primero de la abuela Lita y Bruja casi preferida de Mateo y de Juan.
La bisabuela Lita cosía las capas de las princesas. Auténticas capas de seda rosa y vestidos bordados con flores de cristal.
Y hasta supo hacerle botas de puño alto al Gato con Botas, que como pago le mantuvo a raya a los ratones hasta que fue vieja. El Gato con Botas le decía Lita, con toda confianza, porque la conocía de toda la vida, y hasta la acompañaba al cine cuando ella quería ir.
En definitiva, la bisabuela, a instancias del Hada Bolacera, se había convertido en modista oficial del mundo de los cuentos y reina del canutillo y el glamour.
Pero estábamos en que el Hada Bolacera había convertido en ratoncitos a todas las manzanas.
Y se armó el escándalo. Mateito corría atrás de los ratones colorados y Juan los cazaba con una red y los iba metiendo en un balde verde. Lucy gritaba como loca y sacudía una escoba de aquí para allá.
Mamá Vero corría atrás de Mateito y Papá Mateo la corría a mamá.
Y todos daban vueltas alrededor de la abuela Pilar .
Y al final todo terminó en tragedia. La abuela Pilar revoleó el bastón para darle a un ratoncito y durmió de un palo a Aurea, la gata negra, que por puro imprudente se había metido por ahí.
La gata de la abuela Pilar que antes era negra, ahora es una gata fantasmal. Es que el bastonazo de la abuela Pilar la mandó al mundo de los espíritus en el que ahora caza ratones de hectoplasma.
Y así, en tragedia, terminó esta historia, una de las tantas historias de la Bruja Bolacera, la que fue maestra de primero de la abuela Lita y Bruja casi preferida de Mateo y de Juan.
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